Amanece en Ribadesella tan como indicaban los pronósticos. Sol aunque 7 grados con lo que dejamos el hotel Villa Rosario II pasadas las 8.30. 

Al ser domingo cuesta que las cafeterías del lugar se dignen a darnos un café con lo que iniciamos los 89 km del día hasta Oviedo.

El paseo marítimo de Ribadesella nos empieza a mostrar que hoy vamos a disfrutar, una carretera estrecha entre eucaliptos que de vez en cuando nos sorprende con trialeras que dadas las condiciones de agua de días anteriores están bastante perjudicados.

El paisaje que nos acompaña es digno de las montañas suizas a la izquierda y sorprendentemente a 100 m a la derecha el mar cantábrico.

Una de los desvíos baja a la playa de Caravia, paraje espectacular, lastima que el chiringuito está cerrado a esas horas pero la parada es obligatoria, seguimos marcha hasta que encontramos una cafetería en primera línea de mar donde hay una Golden que hubiera hecho las delicias de Marco.

Seguidamente el camino va paralelo a la nacional. Lo cierto es que a diferencia de la variante del Francés, el camino del Norte toca mas asfalto, para hacerlo con bicicleta no es inconveniente pero para los peregrinos que van andando, tengo la sensación que los tramos de asfalto ha de ser bastante pesados a pesar que los tienen acondicionados y señalizados muy bien.

El día es espectacular, la temperatura ideal y pronto llegamos a Colunga y posteriormente Villaviciosa donde se separa el camino del Norte de la variante Oviedo con su Primitivo que es el escogido por nosotros.

Asi pues llegamos a Amandi donde nos espera la subida del día: El Alto de la Campa. No veo yo a la del Jesulin subiendo por aquí así que no se porque lleva su nombre.

Madre mia que 5 km de ascensión, 2 puntos concretos de más de 400 m con desniveles superiores a 23% y el resto sin bajar del 10%. Menos mal que el día ha sido de cine y hemos podido disfrutar de las vistas, paisaje y de la jornada.

Nada más coronar, descenso dirección Pola de Siero y en Figares antes de Pola, Jose ha quedado con una amiga del lugar. Pili que nos espera en una terraza y que se digna a acompañarnos hasta Oviedo con su bicicleta de carretera aprovechando que el resto de etapa es por asfalto. Menuda marcha pone que en 40 minutos nos presentamos en la capitalina del principado.

Unas indicaciones en la puerta del hotel por parte de Pili de donde podemos ir a comer algo,  hacen que subamos a cambiarnos y el resto se ve en las fotos.

Por primera vez el Bull se mete en un buen lío y sin saberlo sufre en primera persona lo que es no poder acabar un menú. Que exageración de platos.

Tras llenar el buche, aprovechamos para lavar ropa en una lavandería y la tarde se nos hecha encima pensando que los augurios de mañana son de que los chubasqueros funcionarán de nuevo.

Mañana dirección a Tineo al Palacio de Meras.